Veinticinco y una tesis sobre el Moncada

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1. En el Moncada comienza el movimiento de retroceso que hoy se considera una clave de lo moderno. El futuro castrista se vislumbra como imperativo ecológico de subdesarrollo dentro de la praxis de la economía política sostenible.
2. Es preciso ver a Fidel Castro en el Moncada avanzando hacia un objetivo retrógrado que llegará a convertirse en el nuevo modelo de progreso. La fe en lo que hasta entonces se había tenido por negativo y contranatural, constituye allí un génesis, un origen.
3. En el Moncada, el castrismo es un origenismo.
4. Lo que Castro persigue en el Moncada no es la destrucción de la República, sino el establecimiento de una nueva normalidad, de una modernidad, y de un paradigma de progreso reconocido por la UNESCO y la FAO y ratificado por las cátedras de estudios ecológicos.
5. El hombre moncadista –sometido a racionamiento, adaptado a la reducción de su espacio vital, resignado a un survivalismo propio de un mundo que agoniza y que agotó sus recursos– es el hombre nuevo.
6. El castrismo es un modelo para el porvenir. Los ecologistas miran con envidia al castrismo como sistema de panadaptación. El mandato de reducirnos, de ser menos, de aspirar a menos y conformarnos con poco, aunque contrario al espíritu humano, resulta afín a lo ideológico y puede ser implementado desde lo metafísico.
7. El fidelismo involuciona, retrocede siempre, es un deseo de muerte. El fidelismo no imita a China, como el raulismo.
8. Semejante a las catedrales góticas que Hitler pintó a la acuarela, el cuartel Moncada es la pequeña gran obra de arte castrista. El Moncada es el Castillo (Das Schloss) en el centro del Estado, inalcanzable e impracticable debido a que nada puede emular su radical “estadidad”, su primacía ontológica, su impacto sicológico, su trauma.
9. El cuartel Moncada es un molino de viento, la fortaleza hermética y el castillo interior teresiano. El putsch castrista a la realidad supera en voltaje, en intensidad kármica, el mero putsch político nacionalsocialista: en el Moncada, Castro redefine, relativizándolas, las categorías del ser.
10. El Moncada, con Castro en el centro (su eje magnético), es una anomalía del ser.
11. El Moncada es un portal de reversión temporal.
12. El castrismo es inversión, y el Chrysler del 53 atascado a las puertas de la Posta Número 3 es el DeLorean del filme Back to the Future: por ese atajo el castrismo regresa a una etapa española de la evolución nacional. Bajo la fortaleza, a través de sus mazmorras y calabozos, el castrismo se interna en el inframundo.
13. En el Moncada el castrismo retorna al universo hispánico, un universo cerrado que clausura la modernidad cubana, nuestro “futurismo”.
14. El automóvil, que es el vehículo de una gran marcha en retroceso, penetra en la fortaleza y queda atascado allí como un cucarachón prehistórico. Su brillantez metálica se ensombrece, y su celeridad mecánica, su agudeza americana, degenera en molinismo.
15. La carreta viene a sustituir al Impala. Como en un chiste de gallegos, la carreta termina yendo por delante de los caballos (de fuerza, automotrices, americanos).
16. A la manera en que Contra Galileos, el tratado político del emperador Juliano el Apóstata, sobrevivió fragmentariamente en la refutación del patriarca Cirilo de Alejandría, la República de Cuba y su significado sobreviven en un solo fragmento del discurso moncadista: “Os voy a referir una historia. Había una vez una república. Tenía su Constitución, sus leyes, sus libertades, Presidente, Congreso, tribunales; todo el mundo podía reunirse, asociarse, hablar y escribir con entera libertad. El gobierno no satisfacía al pueblo, pero el pueblo podía cambiarlo y ya solo faltaban unos días para hacerlo. Existía una opinión pública respetada y acatada y todos los problemas de interés colectivo eran discutidos libremente. Había partidos políticos, horas doctrinales de radio, programas polémicos de televisión, actos públicos, y el pueblo palpitaba de entusiasmo.”
17. Ese entusiasmo público es hoy apostasía, disidencia. Por los resquicios literarios podemos vislumbrar la ontología del Antiguo Régimen: en la prosa púrpura de un pequeño abogado; en los reportes forenses de Batista en exilio.
18. El Moncada no ocurre el 26 de Julio, como se cree, sino en la madrugada del 25: Santiago Apóstol, fiesta gallega. Se requiere una rectificación horaria universal, un retraso en el calendario histórico a fin de hacer coincidir las efemérides gallegas y castristas.
19. El 26 de Julio se celebra una gran victoria militar española: lo de “más-se-perdió-en-Cuba” cambia de signo en el Moncada; lo español suma, no resta, con el castrismo. En Santiago, lo gallego regresa como atavismo.
20. El mecanismo de imitación castrista duplica el golpe de Estado batistiano, se viste de sargento, ataca desde adentro, camuflado en el uniforme amarillo. El castrismo, como simulacro, toma la forma de lo cubano pero continúa siendo un cuerpo foráneo, un body snatcher, “el Castro que llevamos dentro” de René Ariza.
21. El Moncada es el sol tapado con un dedo: el sol es El Indio.
22. En el Moncada aparece el mártir de la escatología castrista: los ojos en el plato, los testículos en bandeja, la inmolación del tenedor de libros. Un núcleo de beatas y santones reunido alrededor del líder, una conspiración de jóvenes carniceros: carne de cañón. El Moncada es el cumplimiento de la profecía virgiliana asentada en La carne de René (1952).
23. Fidel asalta el Moncada, no para dar por terminado lo cuartelario sino para transformar a Cuba en cuartel. A partir del Moncada se opera en Latinoamérica un acuartelamiento generalizado, del que las “dictaduras militares” son solo el efecto colateral.
24. En una sociedad avanzada, cuyo primer renglón era el espectáculo, el Moncada aparece como el primer producto de la economía política castrista. Lo que Castro toma por asalto son los medios de producción de realidad.
25. “La mercancía es, en primer lugar, un objeto que existe fuera de nosotros, una cosa que, por sus mismas propiedades, satisface algún deseo humano. La naturaleza de ese deseo, o si, por ejemplo, se origina en el estómago o en la imaginación, no cambia nada”. Karl Marx, Das Kapital (1867).
26. También el castrismo se origina en la imaginación.

Junio 28, 2013

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