Black Lives Matter: Entre la pantera y el gusano

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La controversia generada por las declaraciones del movimiento Black Lives Matter en ocasión de la muerte de Fidel Castro se remonta a 2016, aunque ha cobrado nuevas fuerzas a raíz de los disturbios por el asesinato de George Floyd.

En aquella oportunidad, la dirigencia del movimiento expresó su admiración por el Máximo Líder y ratificó su compromiso con la causa de la revolución castrista: “Sabemos que ningún líder es perfecto, rechazamos las mentiras de los derechistas y salimos en defensa de El Comandante”, afirmaba el documento.

En la nota necrológica, titulada Las lecciones del hermano Fidel, los jefes de Black Lives Matter elogiaban a Castro por haber dado asilo a los revolucionarios negros Assata Shakur, Michael Finney, Ralph Goodwin y Charles Hill. Curiosamente, el nombre de Tony Bryant estaba ausente de la lista.

Anthony Garnet Bryant, de San Bernardino, California, fue un militante de los Panteras Negras que secuestró un avión y lo desvió hacia Cuba en 1969: “Prefiero ir a la cárcel en Cuba que vivir libre en los Estados Unidos”, fue su explicación al piloto de la aeronave.

Al aterrizar en La Habana, Bryant fue acusado de ser agente de la CIA y enviado a la cárcel, donde pasó once años y medio. De vuelta en los Estados Unidos gracias a la intercesión del presidente Jimmy Carter, tomó residencia en Miami, militó en las filas de la organización anticastrista Comandos L, y corroboró las “mentiras de la derecha” en su autobiografía Hijack, un libro de 1984 donde relata las palizas, hambrunas y ejecuciones en las prisiones revolucionarias.

En cuanto a la opinión expresada por Black Lives Matter, en el mismo obituario, de que la Revolución cubana está comprometida con los derechos humanos fundamentales como “el alimento sano, el agua limpia, la vivienda decente, comunidades seguras, sistema de salud de calidad, servicios de salud mental, educación gratuita, espacios comunitarios, arte, compromiso democrático, vacaciones periódicas, deportes y lugares para la expresión espiritual”, bastaría un sencillo experimento para determinar su pertinencia o, por el contrario, demostrar que Black Lives Matter está equivocado y que Tony Bryant sabía de qué hablaba.

El experimento consistiría en la implementación de un mandato para la creación del “hombre nuevo” en los guetos negros de los Estados Unidos, pero a condición de que las reformas sociopolíticas de tipo castrista que demanda la construcción de tal individuo queden restringidas a las zonas controladas por Black Lives Matter, sus creyentes y seguidores.

Ningún territorio fuera de esas zonas sería afectado por la nueva legislación revolucionaria. Las regiones libres continuarían su existencia común en condiciones históricas de desigualdad e injusticia, sin interrupciones ni interferencias de ningún tipo.

Propongo la aplicación estricta de la teoría del foco guerrillero a los perímetros jurisdiccionales del experimento. Cada gueto participante será un foco guevarista donde pueda constatarse, al final del estudio y mediante comisiones independientes de escrutinio, si los derechos humanos fundamentales (“alimento sano, agua limpia, vivienda decente, comunidades seguras, compromiso democrático”, etc.) han sido alcanzados, superados o, por el contrario, restringidos y violados.

De esta manera, la revolución dejaría de ser un evento ecuménico, y afectaría únicamente a aquellos —negros, rubios o mestizos— que aceptaran integrarse y participar en la construcción de una sociedad modelada a imagen y semejanza del castrismo. Calculo que si los resultados se aproximaran a las condiciones reales de la Cuba actual, con sus 61 años de experiencia revolucionaria, los guetos negros deberían exhibir, una vez superado el quinquenio de prueba, un excedente de doctores, ingenieros, balletómanos, teatrólogos, podiatras y saxofonistas, y un déficit de carnicerías, supermercados, papitas fritas, carne ripiada, prensa libre, agua potable y compromiso democrático.

Cualquier salto cualitativo representa, según el credo progresista, un paso de avance con respecto a las deplorables condiciones que los negros norteamericanos sufren en la actualidad. El sistema educativo cubano —por poner el ejemplo manido que arroja cifras inflacionarias de graduados, doctores y especialistas— resulta envidiable para Black Lives Matter, aun al precio del adoctrinamiento, la restricción de movimiento, la información controlada y, asombrosamente, el vasallaje.

Los negros rebeldes están dispuestos a transarse por unos principios fundamentales en menoscabo de otros, por una esclavitud en lugar de otra. Un cuerpo de policía arbitrario y ubicuo al estilo cubano que patrulle sus barrios y viole su privacidad, logrará reducir drásticamente la delincuencia, pero dentro de un Sistema donde el ejercicio de la libertad es considerado un delito.

“Prefiero que me echen los perros en Estados Unidos que vivir libre en Cuba”, es el mantra de los exiliados, de las activistas encarceladas, de los artistas perseguidos, de los líderes negros de la oposición, y del difunto Tony Bryant, Pantera Negra y gusano.

  1. Rafael Perez

    El artículo toca un hecho que muchos cubanos, ni aún viviendo en el exilio, conocen. El testimonio este señor viene muy bien a la luz de lo que está ocurriendo en este país con todos estos movimientos de izquierda que pretenden introducir el comunismo en Estados Unidos.

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