‘¿Eres tú, papá?’: Un paquete amarrado con ariques

Alina

La campaña publicitaria de ¿Eres tú, papá? es engañosa. El filme de Rudy Riverón Sánchez se anuncia como “la primera película cubana de horror” a sabiendas de que esa película de miedo se estrenó en Cuba el primero de enero de 1959, y que la horripilancia de ¿Eres tú, papá? es otra secuela de aquella superproducción.

El espanto antiguo cumplió sesenta años, es un terror en la tercera edad, de ahí el estilo vintage de la escenografía, de ahí lo cochambroso de sus avejentados ambientes. El país imaginario donde ocurre la trama de ¿Eres tú, papá? parece estar metido en una fosa, y no es difícil adivinar el nombre y la fecha inscritos en la lápida.

El hecho político provee los ambientes penitenciarios, algo que no escapó a la atención de los censores del Festival de Nuevo Cine Latinoamericano. La grisura, el  pánico, la opresión, el desencanto, la depauperación y el despotismo nacieron en el llamado “Año del Error”: De aquel error estos horrores, debería ser más bien el lema publicitario de ¿Eres tú, papá?.

Si hay una alegoría oculta en el filme de Rudy Riverón, es obvio que se trata de la parábola de la Revolución; y si el público percibe una luz en el fondo de la grisura, no es porque el guion prescinda de los temas trillados de las jineteras, los pingueros y las calamidades de la actualidad (“Real fear without the cliches of sun, salsa, cigars and rum”, dice la fallida campaña de Indiegogo) sino porque lo metafísico le permite entender el carácter mefistofélico de la sociedad que lo circunda.

Paradójicamente, el horror tiene en Cuba un efecto vodevilesco. No olvidar que el espectador cubano vio a Tarkovski como puro entretenimiento y que es el único en el mundo para el que el director ruso fue un referente popular, un recuerdo feliz del Quinquenio Gris. La película de Rudy Riverón resulta peligrosa precisamente por dejarlo todo a la imaginación, y no creo que sea prematuro hablar de un “efecto Riverón”: pasados 15 minutos, el espectador cae en cuenta de que no se trata de cine de horror, sino de cinéma vérité.

Por tales razones, Iván Giroud, el director del Festival del Nuevo Cine, haciendo el papel del policía bueno, dio unas torpes excusas para excluirla del programa (el policía malo que habla por boca de Giroud debe estar ocupado en algún salón de interrogatorios del Ministerio de Cultura). Giroud quiere evitarle al amante del cine el toallazo mojado del desencanto.

Nuestro Ministerio de la Verdad funciona como un aquelarre permanente, y los machos cabríos Prieto & Rojas saben, por experiencias previas con Alicia en el País de las Maravillas y Juan de los Muertos, que mientras más esoterismo y brujería contenga una obra, más fiel a la realidad revolucionaria será.

El elenco estelar de ¿Eres tú, papá? está encabezado por Lynn Cruz en el rol de la madre, una actriz heredera de Angeliki Papouila que ha devenido el rostro perfecto de una época muerta. La actuación de Gabriela Ramos en el papel de la niña Lili asegura su regreso a la pantalla grande de futuros festivales de cine. Osvaldo Doimeadios da forma al problema de fondo del terror revolucionario: la masculinidad tóxica; mientras que la extraordinaria presencia escénica de Jorge Enrique Caballero dota de carne y hueso al noir criollo: es un negro fantasma escapado de Get Out!, de Jordan Peele.

Cada uno hace lo que puede dentro de las limitaciones del cine más mediocre, confuso y dependiente del planeta. Todavía hoy, hay que excavar hondo en las catacumbas del Icaic para desenterrar alguna joya del período romántico que justifique la fama del arte cubano. Los espectadores isleños recién han ha redescubierto al Fausto Canel de Carnaval y Torrens (1960), a Fernando y Miñuca Villaverde de Elena (1964), y al Nicolasito Guillén de Ociel del Toa (1965). Todavía queda mucho por desenterrar, pero nada se compara hoy a esas antiguallas.

En cuanto al lema “Sin sol, salsa, tabaco ni ron” de la campaña de Indiegogo, no cabe duda de que alude a unos artefactos culturales en rebaja, unos clichés que van de salida. La película de Rudy Riverón Sánchez, sin embargo, es el muestrario de los nuevos lugares comunes.

Así, los tobillos de Lynn Cruz quedan atenazados por lo que desde tiempos inmemoriales se conoce como ariques, otro arquetipo muesable. Lo mismo sucede con la brujería como pasatiempo nacional: cuatro huevos reventados en las correspondientes esquinas del cuadrilátero proveen los puntos cardinales de la enclenque narrativa.

La existencia miserable, ¿no es hoy nuestro mayor bien? ¿No atrae el terror cubano a más de un millón de turistas al año? Los toallazos mojados en el lomo, el carrito del remendón ambulante, el chavetazo en el cuello, las sayas levantadas para enseñar el chocho, la pionerita shōjo, la delación intrafamiliar, la eterna noche de los asesinos, la maldad de los viejos pánicos, ¿no son los nuevos símbolos patrios?

Porque Cuba ha devenido un cliché y un tremendo paquete es que ¿Eres tú, papá? aparece como un paquete amarrado con ariques. La patria cayó estrepitosamente en el lugar común, y ya no hay género ni formato que la salve del más despampanante aburrimiento.

 

 

 

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