‘El botellón de Irma’: el huracán que puso a gozar a los gallegos

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Como si fuera algo realmente inédito, los cubanos han puesto el grito en el cielo por la aparición de un spot turístico para gallegos adictos a la Isla. ¡Como si los naufragios no fueran graciosos! Hay una serie cómica de náufragos que ha hecho escuela, y los cubanos no son menos patéticos que esos personajillos harapientos, barbudos, debajo de la eterna palmera raquítica, condenados a la desolación y la espera.

Lo que se llama “invento” ya estaba inventado por los náufragos del chiste, esos cubanósofos de caricatura. Todas las maneras de zafarle el cuerpo a una situación sin salida habían sido imaginadas por los humoristas. Una serie infinita de macabras ocurrencias parece ser el destino de un pueblo aislado: los isleños son gente ocurrente por naturaleza, y cuando la Naturaleza les juega una mala pasada, su ingenio tiene algo de virulento.

Los cubanos son como los náufragos de caricatura también por la manera en que llevan medio siglo haciendo señas desesperadas a los barcos que pasan, barcos españoles, rusos o americanos, y en la manera en que esas naos continúan de largo sin hacerles caso.

Willy Toledo pasó en su yate, y le valió madre. Gades quiso ser enterrado en nuestra arena fina. Porque es gracioso ver a los cubanos agitando pañuelitos o haciendo centellear un espejito. Comiéndose unos a los otros en una balsa. Hablando sandeces cuando los parte la insolación. Abandonados en algún cayo por los piratas.

Un régimen totalitario es caricaturesco por la manera en que convierte cualquier sociedad libre en un Alcatraz, pero cuando el totalitarismo ocurre en una auténtica isla, el aislamiento es triple. Por eso los cubanos han vivido lo que otros solo han visto en caricaturas: esos pañuelitos, esas balsitas, esos piratas, esos remos, esos espejitos.

Los gallegos, por ejemplo, no saben lo que es una travesía peligrosa desde los días de la Pinta y la Santa María. Vienen a Cuba en aviones de Iberia o en los trasatlánticos de Cunard, cuando Batista les dio asilo, y desembarcan en las partes más remozadas. Los cubanos, en cambio, recuerdan el Covadonga, y aquellos tiempos en que todavía una carabela les hacía caso y les daba botella.

Hablando de botellas: la comunicación exterior de un típico náufrago es por ese medio, que es el mensaje. Los gallegos se enteraron de que pasó un huracán hace una semana por la fidelísima Isla, la que nunca falla en producir mulatas, bugarrones y Montecristos. La botella anónima de Havana Club, arrastrada al garete hasta la playa de Las Chirigotas, contenía una memoria flash.

La memoria mostraba a los integrantes de la agrupación Los Gilipollas cantando, con el agua a cuello, la tonadilla Hasta que se seque el Malecón. Eran negras y negrillos adultos, pero vestidos de pioneros. Rajoy y el Rey viajarán a Cuba próximamente para contratarlos y llevárselos a Cái. La próxima fiesta de los carnavales tendrá por nombre “El botellón de Irma”.

  1. Miguel Iturralde

    ¡Genial! uno no sabe si reir o llorar. Tienen que reconstruir y remozar todos los hoteles españoles para la visita del Rey; pues aunque “más se perdió en Cuba”, ahora se puede ganar más. Saludos.

  2. Alejandro G. Acosta

    Coincido puntualmente con Yoandy, total y definitivamente. Cuando te fabricaron, rompieron el molde, caro Nestorius. Quizá fue mejor así: dos N.D.D.V. serían “a little bit too much”.

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