Elecciones 2016: domar la suerte

 

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Una tormenta se cierne sobre la República. La misma democracia y sus carencias parecen decirnos: ¡Delenda est America! Estamos a punto de meter la punta. . . del bolígrafo en el huequito de la boleta electoral.

Busquemos el consejo de los maestros, el dicho de los oráculos, la cábala de los numerólogos. Jon Elster, el filósofo noruego, (Domar la suerte, Ediciones Paidós, 1991) opina que la mejor manera de elegir entre dos opciones, ya se trate de un niño o un país dividido, es el sorteo: “Tin-marín-de-dos pingüé” (en inglés, Eeny meeny miny moe).

Descarguemos el enorme peso moral de la votación en los hombros de alguna fantasía antropomórfica: el Azar (masculino y sarraceno) o la Fortuna (veleidosa y puta).

Escuchemos a Jon Elster, parafraseando a Thomas Gataker: “Las loterías reflejan la elección intencional de decidir mediante un mecanismo no intencional”. Prestemos oído a sus sentencias sobre “nuestra acusada renuencia a admitir la incertidumbre y la indeterminación en los asuntos humanos. . . Más que aceptar los límites de la razón, preferimos los rituales de la razón”.

Dios no juega a los dados. En el gran esquema del mundo, Hillary y Trump existen desde la eternidad. Dios sí juega a los dados. En el gran esquema del mundo, Donald y Hillary son estados especiales de la función de onda universal. La avalancha de universos posibles caerá, como un rayo o un martillo, en la cabeza del gato negro encerrado en la urna electoral. El gato de Schördinger en la cabeza de mi bolígrafo. Allí residen la puta y el sarraceno.

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Marina Abramovic dándole de comer a su muerto

 

El banquete satánico

Wikileaks nos dejó ver por un hueco de Judas el aspecto wiccano de la política liberal. En un email dirigido a Tony Podesta, hermano de John, jefe de campaña de Hillary, la artista Marina Abramović, discípula de Aleister Crowley, cursa invitación al funcionario para que tome parte en un banquete satánico. El alimento servido en la residencia de la artista es parte de un menú performático de “comidas espirituales”, o lo que Antonio José Ponte llamaría “comidas profundas”.

En su ensayo sobre el pintor Ramón Alejandro, Ponte analiza un cuadro alejandrino donde una criatura monstruosa abre las fauces delante de una ostia. La pieza, nos dice Ponte, “toma toda una pared” que la figura del lienzo “defiende con muelas y tentáculos y espinas, con boca de dos lenguas”. El ensayista evoca “el momento que, dejadas las ofrendas encima del escaparate o en una esquina del cuarto, nos perderemos siempre”, e imagina que “una lengua invisible rebañará el almíbar, un soplo venido de no se sabe dónde sorberá el corazón caliente de la paloma”.

Wikileaks es el vehículo –o el médium– que nos permite ver el aspecto político de esas gastronomías ocultas, es una potencia ultramundana cuyos derramamientos vienen también de “no se sabe dónde”. Imaginemos un país de Wiki que esté en el Valhalla o en la planicie Wiccana. De cualquier manera, el convite propiciatorio se escenifica en un mensaje de texto: es el Menes Tekel Fares para la época del Samsung Galaxy 7.

Cacería de brujas

Una cábala de políticos y artistas, ¿no es eso lo que conocemos por socialismo? ¿No ha sido la representación de la campaña en la prensa liberal un aquelarre? ¿No es Hillary la arpía de Bengasi y Podesta el Svengali? ¿No hemos sido distraídos y obligados a fijar los ojos en el rutilante espectáculo del Donald, mientras el verdadero peligro estaba en otra parte?

Mirémonos en el espejo de California: dos candidatas socialistas al senado, Kamala Harris y Loretta Sánchez, con agendas idénticas y sin oposición, ¿es ésta la diversidad que nos prometieron los demócratas? Un Estado con sistema unipartidista, disfuncional e inamovible, ¿es el ejemplo a seguir? Una California que es casi Nicaragua, donde cualquier oposición es disidencia, y cualquier disidencia es reprimida y censurada, ¿es el futuro luminoso?

Es la república donde Janet Napolitano, presidenta de la Universidad de California en Berkeley, implantó una nueva modalidad de Inquisición conocida por el lacaniano nombre de “microagresión”. Bajo el nuevo régimen napolitano, frases como “América es un crisol de culturas” o “¿Por qué estás tan callado?”, o “¿De dónde eres?”, quedan formalmente prohibidas. Una situación semejante se repite en cada universidad, en cada colegio, en cada primaria y en cada centro laboral de la que alguna vez fuera la grande, la libre, la bocona, la despiadada, la fumadora, la saludable e irreprimible América.

Bajo el nuevo régimen napolitano, un sistema de vigilancia electrónica controla los mensajes de email que envían y reciben los empleados y profesores de UC Berkeley, por si se les ocurre burlar la bula. Estamos de vuelta en el Nápoles español de Giordano Bruno y Tomás de Campanella. Estamos en la California hispana de la leyenda negra.

¿Acaso no es este el igualitarismo donde unos terminan siendo “más iguales que otros”? Hillary Clinton, Donna Brazile, Huma Abedin, Janet Napolitano, Kamala Harris, Loretta Lynch y Loretta Sánchez, ¿no son las modelos de la federada moderna? Y cuando Trevor Noah, de Comedy Central, dice que ahora Hillary Clinton sabe lo que es ser negro, porque el FBI la ha tratado como la policía trata a los afroamericanos, ¿no le faltó decir que, si acaso, Hillary ha sido tratada mucho mejor que como los liberales trataron a esta negra?

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“Más que aceptar los límites de la razón”, advierte Jon Elster, “preferimos los rituales de la razón”. Para quienes están hartos de socialismo, la consigna “Hacer que América sea grande otra vez” expresa lo contrario de las microagresiones, lo opuesto de una empequeñecida y espiritualmente indigente micro-América. En estas elecciones, un país espantado, armado de palos y piedras, ha salido a cazar los monstruos de la razón.

Moneda al aire

En el caso de Harris y Sánchez, dejaré la boleta en blanco. Para las propuestas locales no tengo la más remota idea de cómo votar. La elección de representantes municipales será al tin-marín-de-dos-pingüé.

No estoy solo: a la mayoría de los votantes les da lo mismo, o desconocen los pormenores. George I. Mavrodes, en su artículo Choice and Chance in the Allocation of Medical Resources (Journal of Religious Ethics, 1984), dice que, cuando se trata de plebiscitos, da igual que “se seleccione a la persona más apuesta, a la más fea, a la más alta y (es de esperarse) a la más baja”. (Elster, p. 131).

En la contienda por la presidencia, tanto Hillary como Trump me resultan igualmente repugnantes. Escogeré al azar. La moneda que lanzaré al aire es una pieza de diez denarios que traje de Israel. Lo haré discretamente, de modo que nadie me vea. En el momento de flipar, invocaré a Von Neumann, numerólogo y expatriado. ¡Que su espíritu errante me ayude a sortear el Cuatrienio Gris que se avecina!

 

  1. Castlenest

    Pues mira, yo voto en contra del azar. Voto por el candidato a la presidencia por el partido demócrata. Los que viven de bolsillo a bolsillo trabajando muy duro se las verían muy mal bajo el régimen fiscal de Trump. Los menores de cincuenta años serían no menos que timados por lo que el señor se propone hacer con el sistema de salud. Lamento que un candidato republicano más adecuado no te permita guardarte esa moneda astral bajo la almohada y simplemente votar…
    abrazos
    Eduardo

    • No surprises there, amigo! Como dicen los italianos: “Beato te!” Podrías considerar mudarte a California donde ya hay un Partido único y una Gestapo en las universidades. ¡El Paradiso liberal! Abrazos estocásticos. N

    • David

      Los que viven de bolsillo a bolsillo trabajando muy duro se las van a ver muy mal con Hillary Clinton al timón: no es una casualidad que entre los mayores donantes a su campaña estén JP Morgan, Citibank y Goldman Sachs. No es que Trump vaya a ser ninguna maravilla, pero identificar a Clinton como favorable a los intereses del ciudadano medio es francamente estúpido.

  2. Jaime

    Siempre hay quien cree en Santa Claus…., esos que dicen, mira, yo voy a votar democrata, porque la clase trabajadora se la veria muy mal con Trump, y a los jovenes les robarian hasta la camisa. Yo prefiero creer en brujas pero no voto por ellas. Si aqui el mayor robo de la historia esta teniendo lugar delante de nuestros ojos y nadie lo quiere ver. Se trata del saqueo de los Estados Unidos para que el resto del mundo siga de vacaciones.

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